Los datos actuales son inconcluyentes. Un estudio sueco de 2024 observó una tendencia de riesgo de linfoma cerca de un 21% superior en personas tatuadas, pero el intervalo de confianza del 95% se situó entre 0,99 y 1,48 — el límite inferior atraviesa el 1, por lo que el resultado no alcanzó significación estadística. Los autores lo describen como una asociación posible, aún por confirmar.