Toxicidad cutánea en los tratamientos oncológicos: qué muestra la evidencia sobre prevención y manejo
- Vitor Pratte
- 25 jul
- 9 min de lectura
La toxicidad cutánea es una complicación frecuente de los tratamientos oncológicos y, en gran medida, previsible y tratable. Su frecuencia depende sobre todo de la clase terapéutica: con los inhibidores del EGFR, la erupción acneiforme es la toxicidad cutánea más común y aparece hasta en el 90% de los pacientes expuestos (Apalla et al., 2025), mientras que en las terapias dirigidas y en la inmunoterapia del melanoma las series clínicas describen valores del orden del 30 al 50%. Reconocerla pronto, graduarla correctamente y tratarla de forma dirigida es lo que permite mantener el tratamiento oncológico en curso.
Este artículo reúne los puntos clínicos centrales de la sesión clínica de Pierre Fabre en la que la Dra. Ellene Papazis, dermatóloga en el Instituto Português de Oncologia do Porto (IPO-Porto), fue ponente invitada, celebrada el 14 de marzo de 2026, entre las 10:00 y las 12:00, en el Timbre Heroísmo, en Oporto. Tuvo un formato práctico e interactivo, con discusión de casos clínicos reales. Estuvo dirigida a profesionales sanitarios y se integró en la iniciativa Act For Skin, Care for Cancer Patients. La intervención de la Dra. Ellene Papazis se centró en el manejo de la toxicidad dermatológica en el paciente oncológico: cómo reconocerla precozmente, cómo graduarla y cómo tratarla sin comprometer el tratamiento antineoplásico.
Actualizado el 25 de julio de 2026. Todos los datos presentados remiten a los estudios listados al final.

Toxicidad cutánea en el tratamiento oncológico: por qué importa la piel
La frecuencia y el tipo de reacción varían según la clase terapéutica, y esa distinción es clínicamente útil. Las guías europeas de la ESMO sistematizan la prevención y el tratamiento de las toxicidades dermatológicas precisamente por clase de fármaco, porque el perfil no es el mismo (Lacouture et al., 2021). No se trata de un problema estético menor: las reacciones dermatológicas afectan a la calidad de vida, pueden obligar a ajustes de dosis y, en casos más graves, a la interrupción del tratamiento.
La evaluación debe considerar quién es la persona en tratamiento, incluyendo grupo de edad, fototipo, dermatosis previas, comorbilidades y actividad laboral. El mismo fármaco no produce el mismo impacto en una persona de 40 años con la piel sana que en una de 70 años con psoriasis previa y trabajo al aire libre.
Las alteraciones dermatológicas más prevalentes incluyen xerosis, prurito, discromías, fotosensibilidad, exantema (rash cutáneo), alopecia y alteraciones ungueales. La gravedad se gradúa mediante los criterios CTCAE (Common Terminology Criteria for Adverse Events), el sistema estandarizado utilizado en oncología, lo que permite alinear el lenguaje entre dermatología y oncología.
Erupción acneiforme e inhibidores del EGFR
La erupción acneiforme, con pápulas y pústulas típicamente en la cara y el tronco superior, es la toxicidad cutánea más frecuente de los inhibidores del receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFRi), como el cetuximab, el panitumumab, el erlotinib y el gefitinib.
En 2025 se publicó el primer consenso Delphi Europa/EE. UU. sobre su abordaje clínico, que reunió a 32 especialistas en oncodermatología de Europa, EE. UU., Canadá, Argentina, Asia e Israel, bajo el liderazgo del Grupo de Trabajo Dermatology for Cancer Patients de la Academia Europea de Dermatología y Venereología (Apalla et al., 2025). Se alcanzó un consenso fuerte en 75 de las 84 afirmaciones evaluadas.
Entre las recomendaciones que reunieron consenso:
Emoliente diario y fotoprotección con FPS superior a 30 para todos los pacientes en tratamiento con EGFRi. Fue la medida profiláctica con mayor grado de acuerdo entre los especialistas.
Evitar productos irritantes, incluidos los que contienen ácido salicílico y los retinoides habitualmente usados en el acné vulgar.
Doxiciclina oral (100 o 200 mg/día) como tratamiento preventivo, mantenida al menos 6 semanas tras el inicio del EGFRi.
Corticosteroide tópico de potencia media en las áreas del tronco y las extremidades; potencia baja en la cara y en los pliegues.
No usar antibióticos tópicos, ni en la prevención ni en el tratamiento. Es una conclusión que contradice una práctica todavía habitual.
Isotretinoína oral en dosis baja solo como segunda línea, en los grados II/III refractarios o con contraindicación a las tetraciclinas.
Modificar o suspender el EGFRi solo en situaciones potencialmente mortales o cuando la calidad de vida está gravemente comprometida, con decisión compartida entre paciente, oncólogo y dermatólogo.
Síndrome mano-pie
El síndrome mano-pie (eritrodisestesia palmoplantar) se manifiesta con eritema y edema palmoplantar, fisuras dolorosas y descamación intensa, frecuentemente acompañados de disestesia o parestesia y de afectación ungueal asociada.
En la prevención se comentaron medidas concretas: uso de guantes de enfriamiento durante la quimioterapia, hidratación regular, evitar lavados excesivos de las manos, evitar uñas postizas, evitar zapatos apretados y situaciones de roce, y evitar la manipulación compulsiva de la piel. En el tratamiento: hidratación, corticosteroide tópico de potencia media a alta, antiinflamatorios (el celecoxib en el contexto de la capecitabina) y anestésicos tópicos.
Alopecia y alteraciones ungueales
La caída del cabello es uno de los aspectos que más preocupa a los pacientes durante el tratamiento y puede influir en la adherencia terapéutica. Habitualmente se inicia una o dos semanas después del comienzo de la terapia y se completa en el primer o segundo mes. En la mayoría de los casos es reversible, aunque el cabello puede volver con alteraciones de forma, color y densidad. El grado de reversibilidad se relaciona con el daño en la matriz y en el bulge folicular, y se han descrito alopecias irreversibles con el uso de taxanos. La distinción entre alopecia cicatricial y no cicatricial es, por eso, clínicamente determinante.
En el aparato ungueal el espectro es amplio: onicólisis (distal, proximal o total), leuconiquia, oniquosquizia, traquioniquia, eritroniquia y hemorragias en astilla, paroniquia, granuloma piógeno y cromoniquia.
La prevención pasa por gestos sencillos y a veces descuidados: la forma correcta de cortar la uña, no retirar la cutícula, hidratar con productos vaselinados o en aceite. En el tratamiento, según el cuadro: antibiótico tópico, nitrato de plata, ácido tricloroacético, timolol, crioterapia y láserterapia.
Terapias dirigidas BRAF/MEK en el melanoma
Las combinaciones de inhibidores BRAF y MEK han transformado el tratamiento del melanoma avanzado, pero tienen un perfil dermatológico propio. En una evaluación de la tolerabilidad de estas combinaciones, la fotosensibilidad se describió hasta en el 34% de los pacientes, sobre todo con vemurafenib; la interrupción del tratamiento por efectos adversos ocurrió en cerca del 11 al 16%; y la aparición de tumores cutáneos secundarios en aproximadamente el 2 al 7% de los pacientes (Heinzerling et al., 2019). El espectro completo de las reacciones cutáneas de estos fármacos, y el modo de tratarlas sin suspender la terapia, está revisado en detalle por Mavropoulos y Wang (2014).
Un dato contraintuitivo y clínicamente relevante: la asociación del inhibidor de MEK reduce la incidencia de tumores cutáneos secundarios, porque bloquea la activación paradójica de la vía MAPK causada por el BRAF aislado (Mavropoulos & Wang, 2014).
Del lado de la inmunoterapia, un estudio prospectivo realizado en la Unidad de Dermatología Oncológica de Bolonia, que siguió a pacientes con melanoma cutáneo tratados con inhibidores de checkpoint inmunitario entre enero de 2016 y abril de 2024, refuerza la misma conclusión práctica: los eventos adversos cutáneos afectan a la calidad de vida y, en los casos graves, pueden obligar a interrumpir o discontinuar la terapia oncológica, lo que hace determinante la evaluación dermatológica (Venturi et al., 2024).

Cuando la piel es señal de que el tratamiento está funcionando
Fue uno de los puntos más discutidos de la sesión. No siempre la toxicidad cutánea es solo un daño colateral que hay que suprimir. En ciertos contextos es un marcador de actividad terapéutica.
En un estudio retrospectivo de 62 pacientes con adenocarcinoma colorrectal irresecable tratados con cetuximab, los pacientes que desarrollaron toxicidad cutánea precoz presentaron una supervivencia global significativamente más larga, y los que tuvieron grados de toxicidad cutánea más elevados presentaron mayor tiempo hasta la progresión de la enfermedad (Kogawa et al., 2015).
La base biológica de esta asociación se demostró experimentalmente. Recurriendo a un modelo microfluídico de cocultivo 3D que conecta, en el mismo circuito, esferoides de células tumorales pulmonares humanas y un equivalente de piel humana de espesor total, fue posible evaluar simultáneamente el efecto antitumoral y el efecto cutáneo adverso del cetuximab. El tratamiento repetido aumentó la expresión de genes proapoptóticos en el tejido tumoral y, en paralelo, eliminó los queratinocitos proliferativos de la capa basal de la piel (Hübner et al., 2018). El mismo mecanismo, la misma diana, dos tejidos.
Como sintetizó la Dra. Ellene Papazis durante la sesión: "En la inmunoterapia, la piel a veces no es solo víctima: puede ser testigo de una respuesta inmune eficaz."
Esto no significa tolerar sufrimiento evitable. Significa que la decisión de reducir la dosis o suspender la terapia a causa de la piel debe tomarse conociendo lo que esa reacción también puede representar, y después de agotadas las medidas dermatológicas de soporte.
Radioterapia y casos de solapamiento
La radioterapia tiene su propio espectro de dermatosis inflamatorias asociadas, que pueden surgir en el área irradiada o a distancia, y cuyo diagnóstico diferencial con la toxicodermia medicamentosa no siempre es evidente (Hernández Aragüés et al., 2017).
Los casos clínicos discutidos en la sesión ilustraron precisamente esta dificultad: pacientes con múltiples fármacos, con radioterapia concomitante y comorbilidades relevantes, en los que atribuir la reacción cutánea a una causa única es frecuentemente imposible, y en los que la decisión terapéutica debe tomarse igualmente.
Por qué el dermatólogo debe entrar pronto
Este fue el argumento central de la presentación, y tiene soporte cuantificado.
En un estudio retrospectivo realizado en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, la participación de dermatólogos en consulta ambulatoria con pacientes oncológicos con eventos adversos dermatológicos agudos se asoció a mejores resultados, a menor recurrencia de la toxicidad cutánea y a una reducción relevante en la interrupción de la terapia antineoplásica (Barrios et al., 2020).
Existen hoy recomendaciones estructuradas de paneles de expertos para el manejo de los eventos adversos dermatológicos de las terapias oncológicas, que sistematizan el abordaje por clase de fármaco y por grado de gravedad (Cury-Martins et al., 2020).
En palabras de la Dra. Ellene Papazis: "El dermatólogo no entra al final; entra pronto para mantener viable el tratamiento oncológico."
Mensaje final
La toxicidad dermatológica es una complicación frecuente, previsible y, en gran medida, tratable de los tratamientos oncológicos. Cada tipo de terapia, sea quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia o terapias dirigidas, tiene mecanismos propios de toxicidad cutánea y exige abordajes distintos.
Medidas sencillas y consistentes reducen de forma significativa el impacto de estos efectos: limpieza suave, hidratación regular con vehículo adecuado, fotoprotección, atención a las mucosas y a las uñas, ropa ligera de algodón y evitar el roce. Y la monitorización continua permite identificar precozmente las toxicidades, evitando complicaciones graves.
El seguimiento multidisciplinar, con oncólogos, dermatólogos, enfermería y apoyo psicológico, es lo que permite optimizar los cuidados y garantizar la continuidad del tratamiento.

Artículo relacionado
Esta fue la segunda sesión clínica sobre toxicodermias conducida por la Dra. Ellene Papazis. Sobre la primera, celebrada en marzo de 2025, lea Toxicodermias en oncología: sesión clínica con la Dra. Ellene Papazis en Oporto.
Nota: Este artículo tiene finalidad informativa y educativa y está destinado a divulgar el contenido científico presentado en una sesión dirigida a profesionales sanitarios. No sustituye la evaluación médica individual. Si está en tratamiento oncológico y ha desarrollado alteraciones en la piel, las uñas o el cabello, hable con su equipo asistencial.
Consultas de dermatología oncológica con la Dra. Ellene Papazis, en Oporto (Boavista). Consultas en portugués, inglés y español.
Referencias
Apalla, Z., Freites-Martinez, A., Grafanaki, K., Ortiz-Brugues, A., Nikolaou, V., Fattore, D.,
Sollena, P., Deverapalli, S., Babakoohi, S., Galimont, A., Kluger, N., Beylot-Barry, M.,
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Barrios, D. M., Phillips, G. S., Freites-Martinez, A., Hsu, M., Ciccolini, K., Skripnik Lucas, A., Marchetti, M. A., Rossi, A. M., Lee, E. H., Deng, L., Markova, A., Myskowski, P. L., &
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Venturi, F., Veronesi, G., Scotti, B., & Dika, E. (2024). Cutaneous toxicities of advanced treatment for cutaneous melanoma: A prospective study from a single-center institution. Cancers, 16(21), Article 3679. https://doi.org/10.3390/cancers16213679



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